
Eleuterio
Eleuterio junta momentos lindos de los que nadie junta: una mesa con risas un martes cualquiera, el olor a tierra mojada llegando por la ventana, dos que se quedan callados y cómodos. La gente los vive y los suelta, convencida de que lo importante viene después, y él los recoge antes de que se pierdan. La amatista de su talismán los guarda intactos, con olor y todo, y el hongo los protege del olvido, que es bicho que come despacio. Cuando ve a alguien con el alma gris, Eleuterio abre el frasco y le suelta uno de los suyos: por eso a veces, de la nada, te acordás de una tarde común de hace años y se te entibia el pecho sin motivo. No fue la nada. Fue él, devolviéndote algo tuyo que ni sabías que era un tesoro.